3/3 - Emotivismo y florecimiento: un legado de A. MacIntyre para nuestro tiempo
Ponencia del 12 de febrero de 2026, en el Seminario de Filosofía del edificio de Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra. Autor: Jorge Maximiliano Loria. Parte 3.
Segundo Momento: La Propuesta del Florecimiento Humano
El segundo momento de mi exposición se compone de los siguientes tópicos: i) la felicidad no es un bien incondicional; ii) La prosperidad de los animales y el florecimiento humano; iii) las cuatro notas específicas del florecimiento humano; iv) el carácter análogo del florecimiento; v) El florecimiento y su relación con el fin último; vi) una diferencia entre Aristóteles y el Aquinate.
La Felicidad No Es un Bien Incondicional
Dado que la felicidad constituye el primer principio y el último fin de nuestras aspiraciones, considero que la visión emotivista contiene dentro de sí al resto de los tópicos previamente analizados. A su modo, y aunque se sustente en una concepción falaz, el yo emotivista actúa inevitablemente movido por alcanzar una cierta dicha. Por este motivo, me detendré ahora en la crítica que realiza MacIntyre a la noción de felicidad actualmente imperante. Al respecto, en Ética en los conflictos de la modernidad, nuestro filósofo afirma lo siguiente: siempre que nos sintamos felices o desdichados tiene sentido preguntarnos si tenemos o no buenas razones para esta actitud. Conviene recordar aquí que la concepción emotivista defendía una idea de felicidad entendida como un estado psicológico consistente en el estar a gusto con la propia vida. Para el emotivismo, el hombre feliz juzga que lo es simplemente porque se siente dichoso.
La Prosperidad de los Animales y el Florecimiento Humano
Una vez expresada la crítica de nuestro filósofo a la concepción de felicidad actualmente reinante, profundizaré a continuación en la visión neoaristotélica del florecimiento. MacIntyre comienza su exposición destacando una analogía entre los seres humanos y el resto de las especies de animales. Aquellos que estudian el comportamiento de los animales, nos dice, distinguen sin controversias entre individuos y grupos de especies que prosperan e individuos y grupos que no logran florecer. Los animales requieren un tipo particular de ambiente para florecer, es decir, para desarrollar sus capacidades específicas, para proteger y criar a sus jóvenes, y para alcanzar los bienes hacia los que están biológicamente dirigidos.
Las Cuatro Notas Específicas del Florecimiento Humano
MacIntyre reconoce que su convicción contrasta sobremanera con la actual reality cultural donde se destacan múltiples e incompatibles modos de concebir la realización humana. Pero, sin negar las convicciones hoy preponderantes, sostiene que la visión neoaristotélica nos permite discernir unas notas específicas del florecimiento humano capaces de trascender las múltiples divergencias históricas y culturales. Nuestro filósofo destaca entonces cuatro componentes del concepto aristotélico de florecimiento. A su juicio, florecer implica:
En primer lugar, (i) la identificación de todas las capacidades humanas (físicas, emocionales, racionales, morales, estéticas y políticas) junto con el reconocimiento de los diversos hábitos (virtudes) que, a modo de segunda naturaleza, nos permiten desplegarlas.
En segundo término, (ii) la afirmación del entendimiento (nous para los griegos) como nuestra capacidad diferencial, el cual, mediante el despliegue de sus dimensiones teórica y práctica, nos permite ejercer nuestra función (ergon) más propia.
En tercer lugar, (iii) florecer conlleva el desarrollo de aquellas capacidades que nos permiten formar comunidades, puesto que, además de racionales, somos animales políticos. Al no ser bestias ni dioses, alcanzamos nuestra verdadera estatura humana solamente a través de relaciones de amistad política.
Por último, (iv) para florecer necesitamos acceder a una forma de educación familiar, y también política, que nos permita iniciarnos en la práctica de las virtudes a fin de orientarnos hacia auténticos bienes de nuestra naturaleza.
https://doi.org/10.5281/zenodo.20372703







