Por qué la Bondad no es (Solo) Ser Bonachón: Una Visión Aristotélica
La bondad es un hábito virtuoso cultivado en familia para alcanzar la felicidad y un propósito de vida recto, según la Dra. Lorena Díez Canseco.
Autor: Dra. Lorena Díez Canseco.
Directora del Departamento de Psicología.
Universidad Católica San Pablo.
En nuestra cultura moderna, a menudo reducimos la bondad a un cliché: ser “buena gente”, amable, generoso o, como decimos coloquialmente, “bonachón”.
¿Es eso realmente la bondad? ¿Es una cualidad innata o una disciplina que se debe enseñar?
En mi conversación reciente con la revista de divulgación científica y cultural Epistecnología, propuse la necesidad de ir más allá de esa superficialidad y recurrir a la filosofía clásica. Desde mi perspectiva, la bondad se entiende mucho mejor si la miramos desde la óptica de Aristóteles: no como un simple acto, sino como el fin último de la persona.
El Bien Supremo: Felicidad y Virtud
Lejos de ser un simple comportamiento amable, Aristóteles identifica la bondad con el “bien supremo” al que aspiramos como seres humanos: la felicidad. Como expliqué en el podcast que referenciamos al final del artículo, “lo que la persona busca a lo largo de su vida alcanzar es esa felicidad o esa vida buena a la que todos estamos llamados”.
¿Y cómo se alcanza esa felicidad? Aristóteles nos dice que la felicidad consiste en el ejercicio de las virtudes.
Aquí es donde el concepto se vuelve práctico y profundo. La bondad, entonces, no es algo con lo que se nace, sino algo que se adquiere. Es un “hábito operativo bueno”, una cualidad que se pone de manifiesto a través de acciones concretas guiadas por la razón. Este es un hábito que requiere esfuerzo y educación, siendo la familia el pilar fundamental de este aprendizaje.
¿Se nace o se hace? El Rol de la Familia
La persona virtuosa, o “buena”, es aquella que primero comprende la realidad y luego es capaz de gozarse en hacer el bien.
La virtud implica que la persona comprenda el bien que está en determinada acción, lo ejecute y disfrute, se goce, se gloríe, se sienta satisfecha de haber hecho ese bien. Y esto, incluso si ha implicado un sacrificio físico, mental, dolor, cansancio o la renuncia a algo que, entre comillas, era más placentero.
Este aprendizaje comienza en casa. En mi experiencia, los niños pequeños no siempre saben qué es bueno para ellos. Un niño puede querer comer chocolate todo el día o jugar videojuegos hasta las 3 de la mañana. Aunque eso le dé placer inmediato, como padres sabemos que no es bueno para él.
Nuestro rol es instaurar un orden y poner límites, no solo mediante la autoridad, sino explicando el “bien mayor” que hay detrás de la norma (la salud, el descanso). Este proceso, que requiere coherencia y nuestro propio ejemplo, forma hábitos virtuosos como la templanza, que es la capacidad de moderar los deseos inmediatos.
La Bondad Real: Dominio Propio y Perdón
Suelo recalcar que las virtudes están interconectadas. A menudo asociamos la bondad solo con la justicia (dar a cada quien lo que le corresponde, ayudar a otro). Pero esto no es posible sin las otras virtudes.
“Yo no puedo dar a otro si yo no tengo un dominio de mí mismo.
¿Qué voy a dar?”.
Para poder ser genuinamente bueno con los demás, primero necesito la templanza (dominio de mis deseos) y la fortaleza (capacidad de vencer obstáculos y ser perseverante). Sin un dominio propio, la “bondad” puede ser solo una fachada. El hombre bueno no es el que siempre está sonriendo; es el que actúa rectamente, incluso si implica un momento de conflicto por un bien mayor.
Este camino de virtud nunca termina. En la vida de pareja y familia, nadie llega 100% virtuoso. Lo crucial es que ambas personas tengan la “connaturalidad con el bien”. La Connaturalidad con el bien, es una compresión e internalización profunda del bien, que permite que la persona sea capaz de reconocer las acciones y circunstancias buenas en sí mismas, así como reconocer el mal y rechazarlo, no solo racionalmente, sino, incluso afectiva y emocionalmente.
La Tarea Final: Encontrar un Propósito
Si la bondad es la virtud que nos lleva a la felicidad, la tarea más importante para cualquier persona, pareja o familia es definir qué significa esa felicidad.
En mi opinión, la acción fundamental es “encontrar un recto sentido y propósito en nuestra vida”. Si nuestro horizonte de vida es el amor, el servicio y el bien común, entonces nos esforzaremos por adquirir las virtudes necesarias para alcanzarlo.
Al final, ser bondadoso es mucho más que un acto amable; es el resultado de un proyecto de vida enfocado en el bien.
Editor: Henry Adolfo Márquez Mercado.
Este artículo se basa en las ideas compartidas por la autora en el episodio de Epistecnología. Puedes ver o escuchar la conversación completa aquí: https://doi.org/10.5281/zenodo.17604344
Referencias
● Diez Canseco Briceño, M. L., & Henry Adolfo Márquez Mercado. (2025, noviembre 13). E03: 🎙️ Matrimonio: El Último Pilar con Lorena Diez Canseco. En Epistecnología. Revista Epistecnología. https://doi.org/10.5281/zenodo.17604344.
● Aristóteles. Ética a Nicómaco. (Referenciado como base filosófica de la conversación).
Citar artículo
Diez Canseco Briceño, M. L., & Márquez Mercado, H. A. (2026). Por qué la Bondad no es (Solo) Ser Bonachón: Una Visión Aristotélica. Revista epistecnología. https://doi.org/10.5281/zenodo.18664372





